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Tras las huellas de El Pavo

Tras las huellas de El Pavo

Tras las huellas de El Pavo


Por: Felipe Saldarriaga

Nostalgia… sentimiento de añoranza por aquello que fue, y ya no es más. Una fuerza motivadora de innegable importancia para los humanos, de allí el éxito de lo vintage, lo retro; de una u otra forma, siempre buscamos regresar a lo familiar, a esa felicidad y el sentimiento de confort dejados tras de sí. Lugares, personas, situaciones, que viven en nuestra memoria y evocan placidez y satisfacción en nuestras vidas. Es, quizás, a partir de estas sensaciones que nace nuestro deseo de revivir las circunstancias pasadas, de volver a los rincones olvidados y reencontrarnos con los amigos ausentes.

Justo allí, partiendo de este principio, podríamos explicar el porqué del éxito de un ícono pereirano como el Pavo. Y qué mejor que hacerlo de mano de aquellos que han sido parte fundamental de su historia desde su creación misma. Don Oscar, el fundador, propietario y gerente durante la mayor parte de su existencia; Hugo, sucesor y actual administrador; y Efraín, el más antiguo e invariable de los actuales meseros. A través de sus anécdotas y recuerdos como guía, llegaremos a conocer de una manera más profunda la historia del reconocido local.

Así pues, emprendemos nuestro viaje, a través de las décadas, remontándonos a finales de los años ochenta, cuando dicho establecimiento empieza a funcionar como una fuente de soda, tras haber sido una miscelánea hasta ese momento, y perteneciendo a familiares de don Oscar, quien llegado de su tierra de Sevilla, Valle, pretendía forjar un futuro en la capital risaraldense; tomando las riendas del negocio después de adquirirlo. Habiendo asumido ya su nombre de “El Pavo” para ese entonces, anecdóticamente, el mismo surgió gracias a las características físicas (el cabello largo en la parte de atrás) del administrador original, cuando funcionaba como miscelánea, y debido a esto los distribuidores de Postobón se referían a él con este sobrenombre y ofrecieron obsequiarle el anuncio con la condición de que mostrara esta denominación.

Tras las huellas de El Pavo

Después de haberse conformado como fuente de soda y con el nombre por todos conocido, empieza a escribir su historia. En sus comienzos, con su extenso horario original de 10 a.m. a medianoche y la mayor parte de su clientela compuesta por pensionados o personas mayores, asimismo, el repertorio musical solo incluía tangos y boleros que sonaban una y otra vez, provenientes de las cintas magnéticas de unos cuantos casetes. Fue en la primera mitad de los años noventa cuando comenzó Efraín a trabajar como mesero en aquella época ahora distante, años durante los cuales ha sido testigo de infinidad de circunstancias y eventos pintorescos. Clientes peculiares, celebridades locales y nacionales, personas de todo tipo y extracción social, variaciones físicas en el local, cambios de administración. A medida que se suscitaban todas estas situaciones, se manifestaba un cambio muy de fondo en la dinámica del Pavo: si bien desde el principio su clientela había estado compuesta, como ya se expresó, por personas mayores, hacia finales de la década de los 90 empezaron a llegar jóvenes, integrantes en mayor medida de la cultura alternativa, motivados, tal vez, por el módico precio de la cerveza. Inicialmente, se ubicaban en los andenes circundantes, pero, eventualmente, también se decidieron por frecuentar el negocio en sí, haciéndose necesario, incluso, usar canastas de cerveza a modo de sillas por la alta afluencia de gente. Sucesivamente, hicieron presencia los universitarios, aunque se seguían usando los andenes a modo de asiento, para esta época ya era mucho más notoria la presencia de nuevas generaciones que se tomaban este espacio en las noches; desplazando, de cierta forma, a quienes habían sido los clientes más asiduos hasta ese momento, los cuales decidieron ir en horas más tempranas. En el transcurso de los años, se observaron, igualmente, otros cambios, como la desaparición de la nube de humo que se formaba debido al consumo de cigarrillo en el interior al prohibirse dicha práctica, la prohibición de vender cerveza para su consumo en el andén, la contratación de un vigilante para evitar el consumo de cierta sustancia psicoactiva en las aceras por las múltiples quejas de los habitantes del sector, remodelaciones y demás.

Tras las huellas de El Pavo

Llegado el 2009, don Oscar se retira, quedando el negocio a cargo de uno de sus empleados, quien lo alquiló, bajo la condición de mantener al personal intacto, condición a la cual, eventualmente, haría caso omiso; para esta época, se dieron cambios en el repertorio musical, el cual ahora se reproducía vía computadora, los fines de semana en las noches la mayor parte de los asistentes eran jóvenes, la planta física había cambiado, el personal había variado en repetidas ocasiones. Y, como mencionábamos, al incumplirse lo estipulado, se disolvió la sociedad y Hugo, el heredero del negocio asumió el mando en 2011; con muchos cambios, pero conservando características esenciales como el precio bajo, la venta del famoso salchichón y el aguardiente amarillo, la misma ubicación, los tangos y boleros, ahora ya no exclusivos, pero que no dejan de sonar. Así sigue su existencia esta altiva ave, con la vista hacia el futuro, mas sin olvidar su historia y tradición. Ahora con la concurrencia incluso de extranjeros, sin duda atraídos por la fama que le precede e invitados por los locales.

De esta manera, siendo foco en múltiples ocasiones de diversas publicaciones, despertando la curiosidad de propios y extraños, haciendo, desde hace mucho, parte del imaginario colectivo de los habitantes del municipio y más allá; el mismo sigue y seguirá volando alto, al contrario de su homólogo animal, ojalá durante muchos años venideros. Dando ejemplo de tolerancia al recibir y atender a tan variada clientela, facilitando la integración de las diversas esferas que componen nuestra sociedad, actitud de la cual podría favorecerse mucho esta sociedad nuestra a una escala más global para librarnos de aquellos conflictos que impiden nuestro desarrollo como nación.